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El Enemigo de Hielo

(敵氷, Tekikōri)

Información
Anterior El Nacimiento de la Estrella de Fuego
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Personajes
Nenshō Hoshi
Shingetsu Wasp
Yoko
Rao
Jutsus
Elemento Hielo: Impacto de Estalagmitas
Jutsu Secreto Dorado: Pasillo de Agonía

El Enemigo de Hielo es el capítulo que relata las experiencias de Nenshō Hoshi luego de abandonar Kirigakure y su posterior encuentro con Shingetsu Wasp así cómo el comienzo de su pelea con él.

PremoniciónEditar

Nenshō estaba corriendo, no sabía bien de qué estaba huyendo o de quién, sólo sentía un fuerte impulso que lo llevaba a correr, aunque le pesaran los pies y aunque sintiera un cansancio que podría desmoronar a cualquiera, él sólo seguía corriendo. Llegó un momento en el que tuvo que pararse a descansar en una roca circundante a un río que casualmente estaba por allí. Comenzó a pensar que lo que fuera que lo perseguía, si es que realmente algo lo estaba siguiendo, ya lo habría dejado de perseguir y que ya estaba a salvo. Al contrario, cada vez estaba más cerca, a cada segundo se acercaba más y más, Nenshō podría sentirlo, pero sus pies, los mismos que hace un rato corrían sin parar, ahora permanecían quietos, inmóviles, estáticos, como si quisieran ver un espectáculo y él (Nenshō) quisiera arrebatarles ese momento. El temor aumentaba cada vez más, era de noche y estaba oscuro, lo que fuera que fuere se acercaba rápido, a una velocidad alucinante.

De repente comenzó a hacer frío, una brisa helada surcaba el aire, rozando la piel desnuda de los brazos de Nenshō y haciéndolo temblar. Las temperaturas comenzaron a descender cada vez más rápido, hasta llegar a temperaturas bajo cero, era inminente, el “Cazador” ya estaba aquí, lo estuvo siguiendo todo el tiempo y Nenshō era la presa.

Comenzó a sentirá pisadas, suelas de botas que pisaban la escarcha y rompían ramas caídas. El río dejó de fluir, el viento sopló aún más helado, los animales dejaron de hacer sonidos característicos, el ‘bosque’ se había quedado en silencio.' Las pisadas se acercaban cada vez más y más, Nenshō sentía su sonido cada vez más nítidamente, a su derecha, el río que hace un momento había dejado de fluir, ahora se había comenzado a congelar, lentamente, pero se estaba congelando.

Él estaba aquí, había llegado. Era un hombre alto, o de estatura promedio, aunque no podía ver mucho más, iba encapuchado, abrigado, cómo si viviera en un invierno constante, no alcanzó a ver mucho más, sólo que llevaba una capa negra y una espada de un tamaño enorme. Nenshō reconoció esa arma, era una espada de los Espadachines de la Niebla, aunque no recordaba puntualmente cuál era la que portaba ese hombre. De repente, el hombre extendió la mano, acercándola a la cara de Nenshō y dejando ver que su mano estaba totalmente congelada.

Nenshō entró en pánico, su cuerpo no se movía, sus pies tampoco, sus pensamientos se acumulaban rápidamente y no se le ocurría nada para escapar. Iba a morir, o iba a ser víctima de aquel hombre misterioso, su habitual impaciencia había desaparecido, y la mano del Cazador se acercaba más y más. Lo único que Nenshō pudo hacer fue mover torpemente los brazos, intentando frenar la mano del hombre, pero de nada sirvió. El hombre agarró su cabeza, o al menos la tocó (ya que su mano no era tan grande) y el hielo comenzó cubrirla. El tipo, o Cazador, abrió su boca cómo intentado decir algo, pero de ella no salieron sonidos. Ya era tarde, no había salvación, el hielo estaba por cubrir toda su cabeza, iba a morir.

El Hombre Sentado al FondoEditar

Despertó. Sus compañeros Rao y Yoko estaban a su lado, mientras que Rao lo miraba sorprendido, Yoko tenía en su rostro una expresión de desagrado.

Rao: (Con tono bromista) Al fin despiertas bella durmiente.

Yoko: (Seria) Murmurabas cosas estúpidas sin sentido, algo sobre un bosque o cosas así.

Los ojos de Nenshō aún no se acostumbraban a la encandilante luz del sol que entraba por la ventana, a juzgar por la posición del mismo, aún era la Mañana.

Nenshō: (Tapando al sol con la mano) Supongo que era una pesadilla.

Rao: (Siguiendo con su anterior tono) Pues tus expresiones de miedo se veían muy reales: ‘Huy, el bosque se silenció’, ‘Creo que escuché algo’ o ‘Se acerca’. Parecía que estabas por llorar del miedo.

Nenshō: ¿Cómo? ¿Pensé que habías sido tú el que se asustó en el camino cuando pensaste haber sentido “Algo” cerca.

Rao: (Enfadado) ¡¿Qué dices?! (Le da un cabezazo a Nenshō) Se supone que eres tú el miedoso.

Nenshō: (Imitando a Rao) ¿Qué?

En ese momento, Yoko, quién ya se había cansado de la tonta discusión de Nenshō y Rao, decidió terminarla de una buena vez.

Yoko: ¡Ya basta! Parecen niños discutiendo por cosas que realmente no tienen sentidos, compórtense de una vez.

Nenshō y Rao: (Al unísono) Sí, lo sentimos.

Nenshō se comenzó a preguntar si Yoko había sido siempre así, si ella era realmente la que estaba al mando, en parte debería de serlo así, ya que poseía un gran intelecto y era mucho más astuta que ellos dos, o al menos en la parte estratégica ella los superaba ampliamente.

Yoko: Vamos, busquemos algún sitio para comer, de seguro tienen hambre

Nenshō: ¡Sí!

Nenshō se levantó abruptamente de su cama y siguió a sus compañeros. Cruzaron unos cuantos pasillos y salieron a la calle principal de aquel pueblo. Era una típica aldea del País del Fuego, construcciones mayoritariamente de madera y de un tamaño no muy grande, calles de tierra y, rodeada de un bosque. Al parecer en la aldea había una especia de festividad ya que las calles estaban abarrotadas de personas y coloridos estandartes se ceñían sobre las casas, aunque realmente eso no le importaba mucho a Nenshō ya que estaban por allí de paso, apenas acabaran de comer seguirían su camino. El restaurante no era tan pintoresco cómo el pueblo, para nada, era toralmente diferente, paredes roídas, mesas despintadas o rotas, y sobre todo, gente que no daba muy buena impresión que digamos, en su mayoría encapuchados, algunos parecían criminales que escaparon de su condena.

Yoko: (Con un tono frío) Espero que al menos en esta pocilga nos vendan algo que comer. (Da un paso adentro del Restaurante y mira hacia sus dos compañeros que se mantenían estáticos) Vamos, entremos.

Rao: (Un poco asustado por los sujetos que se encontraban dentro del lugar) Ehh… Me parece que deberíamos-

Nenshō: (Interrumpiéndolo bruscamente) Está bien Yoko vamos, espero que tengan buena comida aquí.

De entre todos los lugares del Restaurante, Nenshō se sentó en la única mesa que estaba libre, miró muy bien a su alrededor, detrás suyo habían dos matones bastante musculosos aunque parecían un poco torpes, a su derecha un tipo que los observaba de una manera muy extraña, pero no fueron ellos los que lo extrañaron, sino fue el sujeto que estaba sentado en frente suyo, casi imposible de ver ya que Rao lo estorbaba, era un hombre bastante joven, de una edad cercana a la de Nenshō, no muy alto, y estaba vestido cómo el hombre de su sueño, encapuchado y con una larga capa que tapaba el resto de su cuerpo, además de tener en su posesión una espada gigante, una de las Espadas de los Siete Espadachines de la Niebla, Kubikiribōchō, exactamente la misma que la que tenía el hombre del sueño. Se quedó mirando al extraño personaje y no se dio cuenta de que la comida ya estaba servida.

Yoko: (Acercándosele) ¿Quién es aquella persona a la que miras con esa cara de sorprendido? ¿Acaso lo conoces?

Nenshō: No especialmente pero…

Le contó su sueño a sus compañeros, lo cuáles quedaron extrañados, además Rao se incomodó más de lo que estaba en aquel lugar.

Cuando el Shinobi se levantó de su lugar, Nenshō logró ver en su frente una Bandana Ninja con la insignia de Sunagakure tachada, además alcanzó a ver unos bultos, aunque no llegó a contarlos bien, contó algo alrededor de 5 o 7. Yoko, se levantó bruscamente, le pagó al dueño del lugar y le ordenó a Nenshō y a Rao que la siguieran. De inmediato partió corriendo detrás del sujeto sin razón alguna, el hombre daba pasos rápidos y acelerados, como si tuviera que ir de inmediato a otro lugar, cómo si se lo hubieran ordenado y de no cumplir aquella orden sería gravemente castigado. Los pensamientos se acumulaban cada vez más rápido en la cabeza de Nenshō, eran tantos que casi olvidaba que era lo que estaban haciendo ahora, de repente se chocó contra Rao, quien había frenado abruptamente y miraba a Yoko, la cual había logrado alcanzar al tipo.

Yoko: (Tocando el hombro del tipo) Hey tú ¿Qué haces con una Espada que pertenece a Kirigakure, Shinobi de la Arena?

???: Tú mujer, realmente no entiendes nada ¿Cierto? Esta Espada es mía, ya no pertenece a esa Aldea

Yoko: (Apretando más fuerte el hombre) Se ve que tú eres el que no entiende, nos darás la Kubikiribōchō y nos iremos tranquilamente

Rao: Yoko no creo que eso sirva-

Hombre: Se ve que realmente no comprendes Kunoichi de la Niebla, Elemento Hielo: Impacto de Estalagmitas (Posa sus manos sobre el suelo, las Estalagmitas que surgen congelan y golpean violentamente a Yoko). Permíteme congelar tus ánimos mujer.

Rao: ¡YOKO!

Rao corrió aceleradamente al lugar donde se encontraba Yoko semi-congelada, era sabido que él reaccionaría así, después de todo Nenshō conocía sobre la relación de Yoko y Rao desde que los conoció. Rao cerró su puño apretándolo cada vez más fuerte, mientras corría era difícil saber si se dirigía hacia su actual enemigo o hacia Yoko para liberarla, mientras Rao más se acercaba a sus posibles dos objetivos, los nervios de Nenshō aumentaban, aunque realmente no sabía el ‘por qué’ de ello. Finalmente Rao se decidió por destruir el hielo que aprisionaba a Yoko. Al ver esto, el hombre tomó uno de los bultos que tenía detrás, en su espalda y quitó las cintas que lo aprisionaban rápidamente.

Hombre: Jutsu Secreto Dorado: Pasillo de Agonía.

En ese momento Rao enmudeció y se apoderó de él una terrible quietud, sus brazos se habían quedado estáticos y por su cara corría un espeso sudor. Nenshō no sabía que era aquella técnica del hombre y con sus dos amigos inutilizados sólo atinó a decir unas palabras.

Nenshō: ¿Quién eres tú?

El comienzo de una batallaEditar

Marionetista: ¿Quién soy yo? Eso no es algo que necesitas saber.

Rao seguía en su posición anterior, sus ojos reflejaban sufrimiento y dolor, igual que antes sus extremidades no mostraban movimiento alguno, era realmente aterrador imaginar la técnica que aquel hombre había utilizado sobre Rao.

Nenshō: Así que no me dirás tu nombre, pues entonces te lo tendré que quitar a la fuerza… En ese momento recordó algo, el traje que utilizaba el Marionetista estaba principalmente conformado por dibujos de nubes rojas, lo había visto en algún otro lado, pero no recordaba donde. Pasó minutos mirando al rostro del sujeto, intentando adivinar donde había visto esa vestimenta, cuando por fin lo recordó, el Marionetista formaba parte de Akatsuki Afterlife, un grupo conocido de criminales y Ninjas Renegados cuyo objetivo no era muy conocido para Nenshō.

Nenshō: Tú... tú eres un miembro de Akatsuki Afterlife ¿Cierto? Marionetista: ¿Tú qué crees?

Nenshō: ¡Ja! ¡Déjate de bromas maldito! (Saca el Bō que lleva siempre en su espalda y lo gira varias veces en su mano, demostrando el control que posee sobre el arma) Prepárate. (Para de girar apunta el Bō hacia el Akatsuki para luego alinearlo con su brazo)

Marionetista: (Levanta una ceja)… (Toma la Kubikiribōchō y la lanza en un ángulo de unos 80° hacia arriba, por lo que cae enfrente de él y produce una polvareda, la cual esconde al Akatsuki)

Nenshō: Veo que te gusta jugar Akatsuki, pero esto no me detendrá mucho-

De entre la niebla surgió la Kubikiribōchō, Nenshō observó por milésimas de segundo y logró ve que la espada estaba siendo dirigida desde lejos, por unos hilos de Chakra que provenían de la mano del marionetista. Nenshō reaccionó rápidamente poniéndose en movimiento y esquivando ágilmente la Kubikiribōchō y dirigiéndose al Marionetista, en los segundos que demoró en acercarse estudió varias posibilidades: El Akatsuki era un Marionetista y utilizaba sus marionetas para realizar sus técnicas, además había sumido a Rao en un Genjutsu, había congelado a Yoko, por lo que tenía dominio de Genjutsus y poseía el Elemento Hielo. Hasta ahora no se le escapaba nada, había aprovechado casi todo su tiempo para observar y detectar tanto las habilidades cómo las debilidades del Shinobi enemigo.

Nenshō se había aburrido de pensar tanto, había decidido empezar a actuar, pero no sin antes tener un plan. Había logrado deducir bastante, el enemigo era un Ninja que atacaba a larga distancia, por lo que podría vencerlo fácilmente (o eso creía) a corta distancia, así que una buena opción sería usar Taijutsu combinándolo con armas cómo su Bō o su Tantō. Finalmente, Nenshō estaba listo para luchar.

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