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Haruka nació en el País del Agua, siendo la hija de una sacerdotisa y un Jounin de Sunagakure. Sin embargo, ella nunca se ha considerado que pertenece a un lugar fijo, debido a la maldición que la persigue desde que cumplió cinco años de vida. A continuación, se narrara la historia del Sawarineko...

PasadoEditar

La infancia de un gato malditoEditar

En un sitio escondido entre la neblina del País del agua, una joven sacerdotisa observaba el cielo gris. Para muchos, ese cielo gris era deprimente, aburrido; pero para ella era agradable, calmado, la promesa de que muy pronto el agua caería para limpiar las impurezas del mundo… Aunque ella odiaba el agua, bueno, todos sus conocidos odiaban el agua, era un disgusto común para la gente que servía. Escuchaba atenta los griticos de sus amigos, llamándola, advirtiéndole que era mejor estar en la seguridad del hogar caliente antes de que callera la lluvia, más aun, en la condición en la que estaba. Hiromi tuvo que suspirar de resignación, a veces sus amigos eran algo sofocantes.

Hiromi: Ya voy, nya…

Fijo la vista en los grandes ojitos de sus amigos. Todos maullaban más impacientes, exigiendo su regreso. Solo algo llamo su completa atención, ignorando olímpicamente a los muchos gatos que se hallaban dentro de su casa. Guio su mano al origen de una sensación de leves golpecitos, a si vientre hinchado. Solo le faltaban un par de semanas para ver una nueva carita sin pelo en su hogar.

Hiromi: Yo solo espero que tú seas paciente con ellos, nya…

El susurro de su voz había calmado al bebe en su vientre. Sonrió por eso, aquel seria un bebe tranquilo e inteligente, como ella. Agradecía al dios Bakeneko-sama por que el niño fuera mas como ella en lugar que como su padre. Con un idiota burlón, inquieto y arrogante bastaba y sobraba.

Rio un poco por esa comparación. Si, el padre de su bebe era un imbécil de primera, pero así lo quería. Algún día hallaría la forma de que él y su bebe tuvieran la vida tranquila que se merecían. Él dejaría Suna, y ella dejaría su escondite. Jamás le daría la espalda a sus creencias, pero bien que las enseñanzas de Bakeneko-sama eran útiles en su situación. “Vela primero por ti”, y eso haría. Jamás dejaría de rendirle honor a sus creencias, pero claro que se alejaría de ese remedo de culto que ensuciaba el buen nombre de Bakeneko-sama e iría lejos, donde no podrán hallarla, donde ella y su familia estarían en paz. Solo ellos tres, y los miles de gatos que la seguían. Con una última risita tras esa imagen mental, volvió dentro de su hogar. La lluvia vendría pronto.

Hiromi: Haruka, mamá te ha dicho que no puedes jugar con los gatitos hasta que estén más grandes, nya.

Haruka: ¡Nya!

Condenada costumbre de decir “nya”, hacia difícil el tener que regañar a una niña inhumanamente tierna de 3 años. Hiromi no apartaba la vista de su niña, no por estar preocupada por ella, la preocupación iba para las crías de Akari, la gata calicó. Si bien Haruka amaba a los gatos y era incapaz de hacerles daño apropósito, era demasiado pequeña y torpe, y en comparación con los pequeños de apenas 3 semanas…

¿?: Te haces un drama, yo no veo que los vaya a aplastar o algo.

Giro la vista hacia Haru, y no paso ni medio segundo hasta oír la risa de Haruka mientras corría a brazos de su padre.

Hiromi: Te apuesto a que si un gigante de 10 veces del tamaño de Haruka intentara jugar con ella también te preocuparías y no estarías tan irritantemente calmado, nya

Haru: ¿Te he dicho lo adorable que eres cuando dices “nya”?

Hiromi: ¡¡No me cambies el tema, nya!!

Haruka: ¡Nya!

Haru: Relájate Hiromi, sabes que ella es bastante inteligente para su edad. Y aunque lo único que diga sea “nya”, ella sabe perfectamente que con las crías no se juega brusco… ¿Verdad que si, Haru-nya?

Haruka: ¡Nya, nya, nya!

Esos eran los pocos recuerdos felices de Haruka. Al ser el fruto de la relación prohibida entre Hiromi, la sacerdotisa, y Haru, el Jounin de Suna, sus probabilidades de tener una infancia plenamente feliz era escasa, más aun, sus probabilidades de tener un crecimiento en lo que cabe lo normal eran demasiado escasos…

La religión del Bakeneko y el Nekomata tenía mala fama, y razones tenía. Pasado los años, aquello ya no era una religión, era un culto oscuro. Lo que antes era aprender y enseñar las habilidades únicas de los gatos para bien, ahora se había convertido en un servicio a cambio de dinero. Los gatos sobrenaturales tenían el poder de la transformación, de la manipulación de los muertos, el crecimiento de la malicia y el control sobre el fuego; antes, estas enseñanzas se daban para la comprensión absoluta de otras criaturas, del poder guiar a aquellos que ya no estaban en este plano a pasar a uno mejor, a expandir el conocimiento para sobrepasar las adversidades y controlar el poder para defenderse a sí mismo y a otros… Ahora, los sacerdotes y sacerdotisas usaban este poder para poner a unos contra otros, usaban a los cadáveres como meras armas, el fuego para matar, y la malicia con la que fueron bendecidos la usaban para crear nuevas formas de impartir el caos y así ganar más beneficios.

Hiromi siempre fue fiel a las antiguas enseñanzas de Bakeneko-sama, y se aseguraría de que su hija lo fuera también.

En el caso de Haru, bueno, el pertenecía a la arena. Una misión de espionaje y aniquilación al país del agua lo llevo hacia Hiromi, lo demás ya era obvio por donde siguió… Solo que…

El clan Chiki, los poseedores del Chioni, el Kekkei Genkai que controlaba la sangre, eran demasiado estrictos. No se respiraba si los altos mandos no estaban de acuerdo, no se podía emparejar con nadie, solo podías reproducirte con quien te dijeran, y mucho menos podías tener una hija con una sacerdotisa del país enemigo. Si alguien se enteraba, no solo lo matarían a él, matarían a su esposa y a su hija. Ambos entendían esto a la perfección, y es por esto que si Haru podía ver a su familia una vez cada dos años, era bendita suerte.

Definitivamente, Haruka no tuvo una infancia normal, pero no se quejaba. Era feliz. Amaba a su madre y adoraba cuando su padre las visitaba, aunque solo lo haya visto 3 veces en sus 5 años de vida… 5 maravillosos años, hasta que todo se volvió rojo…

Llanto de un gato bajo la lluviaEditar

Haruka se hallaba escondida dentro de la casa. Usaba un pequeño hoyo por donde entraban los gatitos pequeños para ver qué pasaba afuera. Solo veía de a poco a causa de la lluvia, pero lograba ver antorchas, mucha gente, y el rojo kimono de su madre resaltando de entre los demás. Su madre le había ordenado que no saliera de la casa, que escuchara lo que escuchara que no saliera o hiciera ruido, pero ella nunca fue de hacer demasiado caso a lo que dijera su madre.

¿?: Sera peor para ti si la ocultas.

Aun con la lluvia, Haruka podía escuchar perfectamente, y gracias a las enseñanzas de su madre, podía afinar su vista para ver mejor lo que ocurría. Pudo ver a la multitud, pero no sabía quiénes eran. Su madre le había dicho que estaban apartados de todo y que nadie los encontraría, ¿Cómo habían llegado allí?

Hiromi: Les repito que no sé de qué me hablan, nya. He vivido aquí sola toda mi vida.

Hombre 1: ¡No te burles de nosotros! Sabemos que vives aquí con una niña. Los Bakeneko son un culto que solo provoca desgracias y maldiciones, ¡no toleraremos a ninguno de tu clase si quiera meramente cerca de nuestra aldea!

Hiromi: No nos llamamos “Los Bakeneko”, nya. Adoramos a Bakeneko-sama y a Nekomata-sama, pero no tenemos nombre fijo, nya. ¿Quién se pondría un nombre tan ridículo como “Los Bakeneko”, nya? Es estúpido. Es redundante. Que los seguidores de Buda se hagan llamar Budistas no es el mismo caso de todos, es como si alguien siguiera a un perro y lo llaman “El perro”, nya. Aunque no me gustan los perros, use un mal ejemplo, o tal vez uno correcto pero lo diré de otra forma, nya. Como si una manada de perros siguiera un rastro de sangre hasta la carnicería, no por eso se llamarían “Los carnicero”, nya. Repito, es estúpido.

Más de uno puso cara de incredulidad por lo que oían. Aquella mujer parecía no estar nada bien de la cabeza… Pero Haruka sabia más que nadie que su madre era por mucho la más inteligente en esa panda de imbéciles. Todos oían a Hiromi divagar y decir incoherencias. Haruka no, ella oía el mensaje subliminal entre las palabras de su madre, mas específicamente, el conjuro secreto que le permitía actuar. Algunos de los jutsus impartidos por Bakeneko-sama incluía la manipulación de los muertos, pero requerían un conjuro especial para usarlos.

Hombre 1: ¡¡Da igual como se llamen!! ¡Danos a la niña también y muere junto a tu hija en lo que cabe de digno a un par de brujas como ustedes!

Hiromi: Les repito que yo vivo sola, nya.

Mujer 1: ¡¡Mentira!! Los ninjas de Kirigakure dijeron que vivías aquí con una niña.

Hiromi: … ¿Ninjas…?

Mujer 1: Sabemos que los de tu clase ganan dinero provocando maldiciones, nuestra aldea ha estado seca sin ninguna razón, y buscando la causa descubrimos tu maldita casa a pocos kilómetros de nuestra aldea…

Hiromi: ¿Pocos kilómetros, nya? Hay una jodida montaña y un bosque atravesados, nya.

Mujer 1: Así será la mala suerte que provocas.

No paso ni medio segundo cuando varios shinobis de Kiri rodearon a Hiromi. Sin embargo, esta reacciono de inmediato. Apenas pudo ver el mínimo momento en que Hiromi hacia sellos con las manos.

Hiromi: … Danza descompuesta…

Haruka observo impresionada como inmediatamente del suelo, comenzaban a salir varios cuerpos humanos, cadáveres, en estado de descomposición, algunos ni siquiera tenían rastros de piel. Aquello era una técnica avanzada, de máximo nivel, se decía que Nekomata-sama se las enseñaba a quienes habían aprendido lo esencial de Bakeneko-sama. La manipulación de los muertos era algo cotidiano de los gatos sobrenaturales, y solo pocos humanos podían conocer ese poder.

Los cadáveres atacaban a los ninjas y a los aldeanos. La mayoría huyeron. Otros se quedaron para morir a manos de los no vivos. En cuanto a los shinobis, por desgracia los cuerpos eran torpes a causa de la petrificación, eran lentos, si bien eran resistentes, con la suficiente fuerza caían. Mientras Hiromi luchaba, el número de cadáveres decaía. Hasta que todos los shinobis se centraron en terminar con la sacerdotisa. Finalmente, lograron atravesar a Hiromi con una espalda…

Haruka no podía abrir más los ojos por ver eso. Lo veía todo. La sangre de su madre, el ritmo de su respiración, la maldita sonrisa de satisfacción en el rostro del asesino… No podía mas, no podía esconderse, no con su madre ahí indefensa. Sin siquiera notarlo, Haruka ya había salido de la casa.

Haruka: ¡¡¡MAMA!!!

Ahora eran los ojos de Hiromi los que no podían abrirse más. Tanto ella como los ninjas y los pocos aldeanos que quedaban fijaron la vista en Haruka… todos quedaron en silencio por un momento, solo se oía la lluvia caer y la respiración agitada de una exaltada y asustada niña… Hasta que uno de los shinobis soltó una risita malintencionada. Fue entonces que Hiromi se incorporó.

Hiromi: ¡¡HARUKA, CORRE!!

El cuerpo de Haruka no respondía. Solo podía estar aterrada mirando como dos ninjas se dirigían hacia ella y algunos aldeanos también. No. Hiromi no lo permitiría. Definitivamente no. su hija no merecía morir ahí. Su hija no iba a morir ahí…

Logro liberarse de la espada y hacer que los cadáveres alejaran a cualquiera que tuviera cerca de ella o de Haruka. Usando su sangre logro grabar el sello del gato maldito. Mientras recitaba las palabras que conjuraban a Nekomata-sama y Bakeneko-sama y lograba hacer los sellos manuales, Hiromi solo rogaba perdón, perdón a sus dioses, a su esposo, a su hija, pedía perdón por todos los sueños que había prometido… Dirigió una mirada llena de tristeza a su niña, la cual ahora estaba sentada en el suelo por la impresión de toda la situación.

Hiromi: Se buena… Espera a que papa venga por ti, nya… Haru-nya… Pase lo que pase, se buena gatita… Cuida de los gatos y tus sueños… Mama te ama Haruka… Lo siento, nya…

Una luz roja sangre y rastros de luz azul rodearon a Hiromi y a algunos de los shinobis de Kiri y un par de aldeanos, haciendo un total de 7 personas incluyendo a Hiromi.

Hiromi: Jutsu prohibido… 7 vidas del gato condenado…

Varios gritos se escucharon hasta que un manto de chakra rojizo cubrió totalmente a Hiromi y los demás. Este se condenso, y salió disparado hasta Haruka. La fuerza del choque fue tal que mando a Haruka contra la pared fuertemente, provocándole un desmayo…

...

Al despertar, Haruka estaba semi consciente. Lograba ver a los aldeanos de antes de manera borrosa. Todos reunidos alrededor de ella…

Hombre 2: Sea lo que sea que haya hecho esa bruja no le servirá de nada…

Hombre 1: Su hija no estará aquí para vengarla…

Lu ultimo que Haruka pudo ver fue a una mujer sosteniendo una de las lapidas que guardaba su madre… y como la mujer la acercaba estrepitosamente hacia ella… luego todo se volvió negro…

El renacer de la bestia malditaEditar

El jutsu de las 7 vidas del gato maldito era una técnica que era tal cual como se oía: Una maldición. Tras el sacrificio del que emplea el jutsu y 6 personas más, se le podían brindar literalmente, 7 vidas a una persona. Sin embargo, el uso de esta técnica estaba prohibido desde hace siglos, debido a que se le consideraba una blasfemia tratar de alcanzar la grandeza de los gatos sobrenaturales. Por lo que la persona que estuviera marcada con el Jutsu seria perseguida y asesinada las veces que hiciera falta por todos los seguidores de esta religión…

Haruka abrió los ojos y tomo una brusca bocanada de aire. Algo le apretaba el cuello, así que entre jalones y convulsiones logro liberarse y caer al suelo. A los pocos segundos de poder respirar con más tranquilidad, logro recordar absolutamente todo. A su madre, los aldeanos, el Jutsu de las 7 vidas… y como la mataron…

Se fijo en donde había estado. Se dio cuenta de que habían colgado su cadáver a un árbol, sabrá Nekomata-sama para qué. También se dio cuenta de que habían quemado su casa. Al menos los gatos se habían ido… El cuerpo de Hiromi tampoco estaba. No quedaba nada… Haruka se dirigió a lo que quedaba de su casa para refugiarse de la lluvia, y, por primera vez, obedecería completamente a su madre y esperaría a su padre…

Pasaron un par de meses hasta que Haru volvió a lo que era la casa de su esposa, encontrando a su hija escondida entre los escombros, asustada, casi sin habla… Haru se encargo de que Haruka se sintiera segura ahora que estaba con él, asegurándose de que no estuviese ni un milímetro lejos de él… Fue cuando Haruka logro decirle lo que había sucedido cuando la aparto un poco y la miro fijamente.

Haru: Haru-nya, quédate aquí solo un par de horas, ¿si…? Papa solo tardara un poco, lo prometo.

Entre lágrimas y temblores, una asustada Haruka se rehusaba a soltar a lo único que le quedaba en la vida.

Haruka: ¡N-No quiero, nya! ¿A-A donde va papa?

Haru medito un momento en sobre cómo responderle a su hija. Al final, no hayo otra forma de decirlo, y con una cálida y amable sonrisa, dijo las palabras más serias y concisas que alguna vez podría decir…

Haru: Voy a ir a sacarles las malditas entrañas a los bastardos que nos quitaron a tu mama…

SinopsisEditar

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