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Artículo en Construcción de la Academia Shirizu
El usuario Any-m3 está trabajando actualmente en la elaboración de este artículo. Por Favor,si vez ésta plantilla en un artículo,no lo edites,pues el Artículo es Parte de la misión de un Estudiante de la Academia Shirizu.
Luz del Alma, Gritos de Agonía
Luz del Alma
La bestia ha nacido

(魂の光、苦悶の悲鳴, Tamashī no hikari, kumon no himei)

Información
Siguiente Color Misterioso
Saga Gaiden: Insania Argenti
Personajes
Miyu Inoue

Ren Inoue

Jutsus
Arte Oni: Árbol del Pandemónium

Luz del Alma, Gritos de Agonía es el primer capítulo del Gaiden: Insania Argenti que cuenta la vida de Miyu Inoue.

"Algún día veré la luz de plata que quema el cielo..."


-Miyu-sama…- Apenas y pudo articular el viejo con la garganta cortada a la bestia de ojos resplandecientes. El sonido de la hoja siendo envainada trajo consigo un centenar de enmudecidos gritos entre el silbar del viento.
La chica de largo cabello negro sin atar estaba sola en un infierno vacío. Caminó haciendo eco con sus sandalias de madera mientras su vestimenta se mecía suavemente. El cielo empezó a llorar sobre la tierra y deteniendo su marcha enfocó la vista al charco bajo sus pies, encontrándose con su rostro inmutado, sin expresión alguna. Aún recordaba las últimas palabras que dirigió a su abuelo, y peor aún, la fría mirada que le imploraba piedad.

Flashback

-Inoue Ren.- Habló el sabio del Clan con expresión seria y voz grave. –Tus actos han deshonrado a nuestro linaje.- En el suelo permanecía el cuerpo desnudo de una joven mujer de cabello negro a la altura de los hombros y mirada fija a sus pies. De su cabeza emanaba sangre y en sus manos sostenía temblorosa los cuernos que se había arrancado. –Nuestro código y reglamento es claro y ha sido pasado de generación en generación en la historia de nuestra existencia.- Todo el clan estaba presente en la ceremonia viéndola con desprecio.

Uno de las más grandes catástrofes había ocurrido. El Clan fue puesto bajo ataque y casi arrasado por una raza inferior que los dejó vulnerables, pero más que eso, humillados. La sacerdotisa y protectora de este debía pagar por haber manchado el nombre Oni. El castigo, perecer luego de la más grande humillación.

-Arte Oni: Árbol del Pandemónium.- Dijo el verdugo de espalda al templo al mismo tiempo que colocaba su mano en el suelo y unas marcas negras se extendían rodeando a la fémina. Al llegar a ella, la maldición entró por la planta de sus pies y manos, y, entre gritos de agonía, sus venas fueron convirtiéndose poco a poco en ramas y su sangre en veneno. Al final, un majestuoso pero horripilante árbol nació bajo la luz de la dama de la noche.

El silencio sepulcral se vio perturbado por la voz del hombre nuevamente. –He aquí a la última oni nacida.- Mencionó tomando entre sus manos a la pequeña criatura de escasas horas con vida. –Un ser perfecto, puro y libre de pecado, que verá nacer una nueva generación como nuestra futura líder.- El sonido del viento siendo cortado indicaba el fierro recién sacado de las brasas ardientes. –Inoue Miyu.- La pequeña sonrío con tanta inocencia como la que se podía esperar de un recién nacido. –La sangre de tu antepasada te recordará el eterno fracaso con el que has de vivir y el que te ha de levantar.- Con sus dos dedos untados en la sangre venenosa de la fallecida, dibujó en el vientre del bebé el símbolo del Clan Inoue. Otro sujeto con el rostro cubierto se acercó, y al instante puso el metal caliente en la bebé, grabando de manera permanente el símbolo en la piel de su mano izquierda, la mano del pecado que sin duda cometería.

El llanto desgarrador de la criatura fue lo último escuchado aquella noche de luz plateada que quemó al cielo hasta el amanecer.

Años Después…

Una joven muchacha de kimono negro estaba sentada con el resto del consejo. –Los humanos han solicitado un tratado de paz entre nosotros.- Habló un hombre con la edad marcada sobre el cuerpo. –Ponen a nuestra disposición noticias del mundo al que le dimos la espalda, una muy valiosa información sin duda alguna.- Ella permanecía con ojos cerrados mientras que con sus oídos agudos escuchaba atentamente el deliberar de los presentes.

-Y nosotros, ¿Qué tenemos que dar a cambio?- Interrogó un castaño fornido al otro extremo de la mesa. –Desean nuestras habilidades para defenderlos contra los enemigos, así como conseguir la paz entre ambos pueblos.- Dijo un azabache de apariencia más joven y con una gran cicatriz recorriendo su rostro. El silencio se volvió inevitablemente presente.

-¿Miyu-sama?- Llamó el sabio de larga cabellera blanca. La mujer procedió a abrir los ojos y cortar con su mirar como si de una espada se tratase. –Ustedes ya han tomado una decisión.- Sentenció poniéndose de pie y colocándose a un lado de la puerta. –Sólo espero que no hayan olvidado el espíritu de un verdadero Oni.- Salió de aquel lugar y caminó hasta el bosque circundante, donde el campamento humano se había asentado en espera de una respuesta.

Subió a la copa de un árbol y observó como ambas razas compartían el mismo entorno con recelo. –Tsk…- Un joven volteó al árbol al haberle parecido escuchar un pequeño sonido, encontrándose solo con el movimiento de las hojas cayendo.

Esa noche era inusualmente tranquila en el distrito. El cascabel que colgaba del cuello de la dama se mecía en cada movimiento que realizaba, ésta, portando su única y más poderosa espada, recorría de arriba a abajo el lugar. Describir las miradas que había recibido de pánico y confusión era algo que sólo podía hacerse con la palabra “Patético”. Esas patéticas y mediocres existencias habían nacido para perecer bajo el yugo de su hoja, quien grabó en su reflejo el último exhalo de dolor.

-Pero qué…- Exclamó el sabio mayor visiblemente molesto. -¡Es imperdonable la atrocidad que está cometiendo!-

-Ja…- La espada era arrastrada con pesadez, e incluso flojera. –Esa “atrocidad” como usted la llama, es el linaje Oni resplandeciendo como debería.- Levantó la vista desafiante, divertida, eso era algo que parecía gustarle.

-¿Qué clase de resplandecer es este?- Interrogó colérico.

-Los Oni han sido amantes de las grandes guerras del pasado, ustedes, viejos de cuerpo y alma han perdido el espíritu y dejado a un lado las enseñanzas de nuestros dioses.- Posó su mirar en el arrugado cuerpo de su interlocutor mientras la hoja de la espada cortaba su lengua con placer.

En un movimiento rápido se colocó detrás de él. –Es mi deber purificarlos a todos, después de todo yo soy la sacerdotisa.- Dijo susurrándole al oído mientras el hombre hacía una mueca de dolor.

La sangre del viejo empezó a correr por el reflejo de las pupilas de la bestia. Sintió un calor ardiente en su corazón seguido de un dolor indescriptible en cada palpitar, poco a poco el viejo dio media vuelta y se encontró con el rostro horripilante, frío, y cínico de la mujer.

Se necesitó de ese solo segundo en el que sus miradas se cruzaron para firmar la sentencia de muerte.

Oscuridad.

Fin del Flashback

Reanudando su marcha, la chica procedió a caminar hasta llegar al lago que ataba a la luna a sus pies. Con la ropa abajo y completamente desnuda, poco a poco se introdujo en el inmenso ojo, que, reflejando el color de la sangre que la dama lloraba, purificó su cuerpo, y ató a la suya las mil almas.

Terminado el ritual, el viento que entumecía su cuerpo se llevó los gritos de un pueblo adormecido. -La única entrada al pasado, será escondida detrás del ojo que lloró por mí.- Sentenció la ahora desconocida portando el traje que representaba un capítulo en la historia olvidada. 

¿Quién eres, figura del pasado en un tiempo presente?

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